
Lo que a continuación sigue, fue escrito hace poco más de un año. Algunas cosas siguen faltando, otras se han ido cumpliendo. Dejo para quien lo quiera y a quien le sirva, mi mantra personal.
19: a trece meses de haber abandonado el nido…
Quiero respirar pausadamente. Advertir la oportunidad de aventura que surge a cada segundo. Correr y estrellarme contra el cielo y las altas frondas que lo enmarcan….quedarme ahí.
Esto se vuelve necesariamente una suerte de oración. Desconfío de los dioses patriarcas; confío más en la sabiduría del universo.
Quiero estar con mis hijos y postergar la urgencia. Quiero verlos a los ojos. Lograr que esa conexión sutil se vuelva parte de nuestros hábitos. Quiero mirarlos jugar con certeza. Disfrutar de las tareas y los proyectos infantiles tanto como del poder infranqueable que se vuelve ser madre al acurrucarlos contra el pecho sabiendo que ese es el mejor lugar donde pueden estar cuando se sienten heridos. Quiero percatarme de la singularidad de sus voces y sus hallazgos. Volverme niña en sus juegos, estar menos pendiente de los granos de arroz que dejan en el plato.
Del trabajo, quiero que día a día vaya yo conquistando mi lugar en este mundo. Tener un espacio para la creatividad, al menos quince minutos al día. Quiero dejar de ser unilateral, empatizar con el otro; asumir mis propios errores. Lanzarme al vacío con la plena conciencia de que hay mayor ganancia en ello de la que queda cuando espero que los demás me resuelvan la vida.
Quiero seguir siendo valiente (que el coraje se transforme en dulzura). No quiero darme a conocer ni como la ogra tempestuosa ni como la Lilith autosuficiente; tan sólo en mi propia tesitura y que ello no asuste. Correr el riesgo de partir de lo que yo siento y pienso. Tomar mi corazón como mi propia brújula. Mirar de frente, a los ojos.
Quiero tener lo suficiente. Vivir con una alegría humilde que de cuando en cuando sea inundada por la euforia. Tener derecho a abonar la tierra de los sueños en la medida en que éstos se vayan cumpliendo.
Quiero viajar. Viajar con mis hijos. Viajar con un hombre. Vivir una road movie de la mano de Alejandra y Tania. Quiero tener lo suficiente para dejar de sentirme culpable por querer ir al cine, hacer una maqueta con mis hijos en Peña Pobre, ir al Taro con ellos, escudriñar las esquinas de esta ciudad en busca de nuevos lugares donde ellos aprendan, conozcan y se maravillen como yo lo hago.
Quiero tener el derecho a tener una mejor casa, un mejor auto, una mejor vida. Hacerme de una amplia biblioteca, en un estudio que mire al jardín. Escribir por las tardes de los fines de semana mientras ellos juegan y de fondo se escuche la voz torrente de Nick Cave.
Quiero respaldar mi compu y mi I tunes.
Quiero seguir siendo bendecida por la vida de la forma en que lo he sido hasta ahora. Quiero fortalecer el vínculo tácito, inexpresable para con mis amigos. Es el mayor tesoro que estos meses me han otorgado.
Quiero salud para mi padre y sosiego para su alma. Quiero descanso y amor profano para mi madre. Quiero que mis hermanos me vean como la mujer que soy y tengan ganas de verme y de hablar conmigo.
Quiero amor para los que me rodean.
Quiero seguir siendo vulnerable, quiero seguir teniendo ganas de llorar. Ya no quiero hacerme la fuerte. Quiero ser repositorio de ternura y sinceridad. Quiero que alguien me ame. Quiero encontrar el amor en su verdadera y sana dimensión. Quiero comunicación. Quiero acabar el día sabiendo que valió la pena. Quiero acabar el día intuyendo que el otro sabe a qué me refiero sin la necesidad de las palabras.
Quiero…